Por los que podemos…¡Y por los que no!

                Junio ya está aquí y, con él, nuestra gran fiesta del orgullo. Durante una semana tendremos la oportunidad de participar en numerosas actividades lúdicas, culturales y políticas que han sido organizadas en su totalidad teniendo como norte la lucha por los derechos del colectivo LGBTQ.  Y es que el orgullo no es otra cosa que reivindicación. Reivindicación, a través de la visibilidad, de los derechos humanos, de la diversidad, de la igualdad, de la tolerancia.



                Este año 2014 dejaré de ver los toros desde la barrera y, por primera vez, me uniré activamente a los miles de compañeros que, con valentía ante el sol del verano madrileño, recorrerán el Paseo del Prado –desde su comienzo en Atocha hasta la Plaza de Colón– en la Manifestación Estatal el sábado 5 de julio. 

                Lo haré porque puedo hacerlo. Porque soy un ciudadano libre que vive en un país libre y, para mayor alegría, en una de las ciudades más amigables del mundo para la población LGBTQ. Lo haré, también, porque carece de sentido renunciar a mis libertades y derechos; hacerlo sería además una inaceptable ingratitud para con todos aquellos que lucharon, poniendo en riesgo muchas veces hasta su integridad física, por lo que hoy millones de almas podemos disfrutar.

                Me manifestaré por mí. Porque aunque es mucho –¡muchísimo!- lo que se ha logrado, aún queda camino por recorrer.  Y porque los derechos, una vez conquistados, deben ser vigilados y defendidos.  Ninguna marcha atrás, ninguna violación ni ningún intento de ignorarlos o relativizarlos para limitarlos deben ser subestimados. ¡Ninguno!

              Me manifestaré junto a amigos y amigas que han hecho de Madrid, la hospitalaria ciudad en la que todos cabemos, su nueva casa, sencillamente porque, muchas veces, la homofobia asfixiante del pueblo o de su país natal les ha obligado a emigrar.Una fuga gay para poder vivirde acuerdo a como sienten, sin miedo, sin que ser como son pueda poner en peligro, incluso, su propia vida. Compartiremos la alegría de aquellos que han podido acercarse a nuestra fiesta, desde distintos puntos de la geografía española o desde otros países, para por unos cuantos días dejar de ser invisibles.
                Y nos manifestaremos, con todo nuestro corazón, por aquellos que no pueden hacerlo. Recordaremos a todos esos Pacos y Lolas, Pepes y Marías, que, aún en la España del siglo XXI, se ven forzados por presiones familiares, religiosas, sociales o profesionales, a callar, a negarse a sí mismos y a llevar una vida que no es la suya sino la de quien es más fuerte y pega más fuerte.


                Elevaremos nuestra voz por Naomi, por Paul, por Solange y por las otras muchas personas que actualmente están presas en Camerún debido a su orientación sexual. Estaremos con nuestros hermanos y hermanas de ese gran continente llamado África. En muchos de sus países la homosexualidad es vista como un desprecio al islam y merecedora, claro está, de castigo. En otros es un delito “civil” penado con largas estancias en prisión o incluso la muerte. En muchas naciones del África negra la caza del gay se ha convertido en casi un deporte nacional promovido por la intolerancia religiosa y política.

Pensaremos en el extenso mundo árabe, tan grande como carente de dignidad para la población LGBTQ. Abrazaremos, en espíritu, a Mahmud, quien mañana cumple la mayoría de edad, 15 años, en su natal Teherán y se convierte en elegible para la pena de muerte por sodomía; de haber sido “pillado”, hasta hoy, solamente le habrían tocado 74 latigazos.
Por todos ellos, por todos esos cientos de millones de seres humanos sentenciados a una vida de miedo y negación, a habitar en el fondo más oscuro de un armario que no es su casa sino su cárcel –para muchos la peor de todas las prisiones posibles-, elevaremos nuestra voz.

Por Moisés Martín